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¿Dónde está el monte Vindio?

Cuando los romanos cruzaron la cordillera

En el macizo de Peña Prieta (2539 m.), el más alto de la Cordillera con el permiso de los Picos de Europa que son otra cosa, se encuentra el collado de Robadorio. Bien conocido por los montañeros que tienen estas montañas como terreno de juego, conecta los Puertos de Riofrío y la Liébana cántabra al norte, con la Vega del Naranco y la Tierra de la Reina leonesa al sur.

Llegando a la Vega del Naranco. Al fondo el Alto del Naranco donde se han localizado los restos arqueológicos. (Foto: lapandamontañera)

Muchos hemos pasado por allí a pie o con esquís, en verano o en invierno. Pero casi nadie se acerca a la alomada cumbre del Alto del Naranco que está poco más de cien metros más alto, al noroeste, ni siquiera cuando se hace el cordal completo desde San Glorio a Peña Prieta desde los Campanarios, por el Cubil del Can y el Mojón de Tres Provincias, porque la senda se aferra a la curva de nivel 2100 que permite flanquearlo por la vertiente leonesa.

Pero si alguna vez hemos subido por aquello de coleccionar cimas, ni nos habremos enterado de que un poco por debajo de los 2219 m. hemos cruzado un pequeño reguero de piedras, como un diminuto canchal, otro más. Sin embargo, ya en 2004 el montañero Manuel Valle sí se dio cuenta, y no creyó que lo fuera, porque su disposición rectilínea delataba que podía tratarse del derrumbe de un antiguo recinto fortificado.

El pasado verano, arqueólogos cántabros constataron el hecho sorprendente de que la fortificación, a la que han llamado Robadorio, se remontaba dos mil años atrás y posiblemente estaba relacionada con la campaña militar que el emperador Augusto lanzó contra los incómodos cántabros y astures (29-19 a.C) quienes con demasiada frecuencia asolaban las tierras de cultivo de la cercana meseta romanizada hacía tiempo.

Poco se ve, si no es desde el aire, pero es evidente la forma aproximadamente rectangular con puerta de acceso en su esquina norte y unos 60 m. de longitud en su lado grande. Solo conserva uno porque al noreste un escarpe rocoso que cae hacia Cantabria ya es suficiente defensa.

Pese a su reducida extensión, la altura inicial de la muralla debió ser importante porque el derrumbe tiene hoy una anchura de 5 a 8 metros y un espesor de más de uno.

Cerca hay restos de defensas mucho más recientes, del frente del norte durante la Guerra Civil. Pero no nos confundamos, no son lo mismo porque en las prospecciones del pasado verano se localizó ¡una tachuela de sandalia militar (caliga en latín). Poco pero suficiente para lanzar la hipótesis de que se trata de un puesto militar romano. Podría ser anterior a la conquista, indígena (hay otros similares que lo son) pero, en cualquier caso, los romanos lo hicieron suyo.

Y allí debieron estar controlando los pasos cordilleranos en el que es el segundo asentamiento militar romano a mayor altura (sólo por detrás del de Septimer Pass, 2340 m. en los Alpes suizos).

Sin embargo la trascendencia del descubrimiento aún puede ir más allá.

El episodio más conocido de las guerras cántabro-astures que narran los cronistas romanos Floro y Orosio fue la batalla definitiva, la heroica resistencia y el suicidio masivo de los indígenas que se habían refugiado en el monte Vindio. Este monte se ha pretendido localizar desde Peña Ubiña hasta Picos de Europa y Peña Sagra.

Ahora, una nueva hipotesis parece apostar, basándose por primera vez en restos arqueológicos, porque el monte Vindius sea el macizo de Peña Prieta.

El fuerte del Alto del Naranco no sería suficiente argumento, porque tanto podría ser anterior como posterior a este hecho. Pero se da la circunstancia de que muy cerca, siguiendo el camino que del collado Robadorio va a los Puertos de Riofrío, a 1962 m. en Castro Negro, se han localizado los restos de un campamento militar romano en toda regla. Un recito de más de 10 ha. capaz de albergar a más de una legión y eso, en el recuento más conservador, son más de seis mil hombres. No hay duda sobre el carácter romano del hallazgo porque ha aparecido una moneda acuñada en Calagurris (Calahorra) en torno al 28 a.C. No hay duda sobre su carácter militar  por sus defensas y por los restos de armas y maquinaria bélica encontrados. Y tampoco sobre su condición de campamento temporal por las clavijas y regatones de postes de las tiendas de campaña que también han aparecido.

Semejante movimiento de tropas a esta altura solo se explica dentro de una campaña militar de envergadura.

Aunque todo ello avale la nueva hipótesis, habrá que esperar a futuras campañas de excavación que arrojen más datos y luz sobre el asunto. Hasta ahora todo se ha hecho con el voluntarismo de los estudiosos protagonistas. Hará falta dinero… y deberá ser público por supuesto, que conocer mejor quiénes somos y de dónde venimos es un beneficio que poco tiene que ver con la rentabilidad que demanda la iniciativa privada.

La misma que quería instalar una estación de esquí en esta  zona, aledaña al Parque Nacional de Picos de Europa y uno de cuyos remontes terminaba justo encima de las ruinas romanas del Alto del Naranco.